La paz es un ideal muy antiguo en la Historia de la Humanidad, pero también ha sido uno de los más difíciles de alcanzar de forma duradera.
En 1795, Immanuel Kant propuso en su obra «Zum ewigen Frieden» (Hacia la paz perpetua) un modelo de orden mundial basado en principios racionales, morales y jurídicos.
Vamos a ver, de manera muy breve, cómo la obra de Kant, lejos de ser una utopía ingenua, ofrece un fundamento filosófico riguroso para un sistema internacional basado en la razón práctica y la autonomía. Para ello, presentamos lo esencial del contenido y de los fundamentos de la propuesta kantiana, así como sus principales implicaciones políticas y su vigencia en el pensamiento actual.
1. Fundamento filosófico: razón, moralidad y derecho
La propuesta de Kant se apoya en su «ética deontológica» (ética del deber), centrada en el imperativo categórico. Según este principio, toda acción moral debe poder convertirse en ley universal. Aplicado a la política, esto implica que los Estados deben actuar de forma coherente con los principios del derecho y de la moral universal, y no según intereses egoístas o utilitaristas. La guerra, al ser expresión de violencia arbitraria, es incompatible con este ideal racional-moral.
En consecuencia, Kant sostiene que la paz no puede ser simplemente la ausencia de guerra, sino un estado jurídico institucionalizado, fruto de un compromiso racional entre los pueblos. Esta visión se articula en tres niveles de derecho: el derecho civil (que rige el interior de los Estados), el derecho internacional o de gentes (que regula las relaciones entre Estados soberanos), y el derecho cosmopolita (que protege los derechos de los individuos en el ámbito internacional). Cada uno de estos niveles debe estar guiado por los principios de libertad, igualdad y autonomía de los ciudadanos y los pueblos.
2. La república como garantía de paz
Uno de los elementos centrales del proyecto kantiano es la exigencia de una constitución republicana como modelo político para todos los Estados.
La república, en sentido kantiano, no se identifica necesariamente con la democracia directa, sino con un sistema basado en la división de poderes, el imperio de la ley y la representación del pueblo. Kant argumenta que en un sistema republicano, los ciudadanos, al tener que aprobar los costos de la guerra, actuarán con mayor prudencia y moderación. En cambio, en las monarquías o gobiernos despóticos, los gobernantes pueden declarar la guerra sin consultar al pueblo, lo que incentiva los conflictos armados.
Por tanto, la república no solo es un ideal moral y político, sino una herramienta concreta para alcanzar y sostener la paz. En este sentido, Kant anticipa la tesis democrática moderna según la cual las democracias tienden a no entrar en guerra entre sí.
3. Federación de Estados libres y derecho cosmopolita
Kant rechaza tanto el anarquismo internacional como la idea de un Estado mundial centralizado. En su lugar, propone una «federación voluntaria de Estados libres«, unidos por el respeto mutuo a la soberanía y por normas jurídicas comunes. Esta federación no anula la independencia estatal, pero exige que los Estados se comprometan racionalmente a resolver sus disputas por medios pacíficos y conforme al derecho.
Un elemento innovador es su concepto de derecho cosmopolita, que introduce el principio de hospitalidad: todo ser humano tiene derecho a no ser tratado como enemigo al llegar a otro país. Este principio funda un derecho humano global que precede a las ciudadanías particulares, y prefigura el ideal moderno de los derechos humanos universales y del asilo político.
4. Consecuencias y vigencia política
La obra kantiana ha tenido una profunda influencia en el desarrollo del derecho internacional, especialmente tras las dos guerras mundiales. Instituciones como la Sociedad de Naciones, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) o la Unión Europea pueden entenderse como intentos históricos de acercarse al ideal kantiano de una federación de Estados basada en el derecho y la cooperación racional.
Asimismo, el pensamiento kantiano ha sido reivindicado por teorías contemporáneas del cosmopolitismo (Habermas, Rawls, Pogge), que defienden la necesidad de estructuras jurídicas transnacionales para garantizar la justicia global. En un mundo interconectado por el comercio, las migraciones y las crisis globales (climáticas, sanitarias, bélicas), la propuesta de Kant adquiere renovada actualidad.
En suma, «La paz perpetua», en Kant, no es una utopía ingenua ni una mera aspiración política, sino una exigencia moral fundada en la razón práctica. Kant plantea un modelo de relaciones internacionales donde la libertad, la autonomía y el derecho son los pilares de un orden pacífico y justo.
Aunque la realización plena de esta propuesta aún está lejos -y tal vez, nunca se llegue a realizar-, su valor normativo sigue guiando muchos de los debates contemporáneos sobre el orden mundial, la soberanía, los derechos humanos y la justicia global. Kant nos recuerda que la paz no es solo un objetivo estratégico, sino un deber ético de la humanidad.
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