La dignidad humana como tarea: Giovanni Pico della Mirandola y su sentido actual

Giovanni Pico della Mirandola (1463–1494) es uno de esos hombres del Renacimiento que han sido presentados como una bisagra entre el mundo que heredamos del medievo y el descubrimiento moderno de la libertad humana.

Su célebre «Oratio de hominis dignitate» (Discurso u oración sobre la dignidad del hombre), escrito en 1486 suele presentarse como el “manifiesto” del humanismo renacentista, y no sin razón. Allí, Pico formula una tesis tan atrevida como fecunda: el ser humano no tiene un lugar fijo ni un rol predeterminado en la escala del ser; ha sido creado “sin una forma propia” para que, por su elección, pueda darse a sí mismo la figura que quiera.

Ese gesto —desvincular al hombre de un destino rígido— inaugura una nueva comprensión de la dignidad mucho más dinámica: la dignidad humana no es un rango heredado, sino una tarea. La dignidad no es un título con el que nacemos, es un trabajo de auto construcción.


Esa última idea, escrita hace más de cinco siglos, es sencilla en el fondo, pero atesora una potencia sorprendente. En parte porque responde a una experiencia cotidiana que todos podemos sentir: no estamos «terminados» o «concluidos»; no tenemos un lugar ni una forma fija, sino que disponemos de libertad creadora, que no es un lujo ni un adorno, sino el núcleo de nuestra dignidad.

Los griegos ya habían reflexionado sobre el sentido de la «auto-formación» del ser humano, pero para ellos, la auto-formación estaba inscrita dentro de un marco teleológico. Es decir, cada ser, incluido el ser humano, tiene una finalidad que le es propia, dentro de un cosmos ordenado. Pero la reflexión de Pico della Mirandola es valiente, novedosa y moderna para los esquemas intelectuales imperantes en el siglo XV, porque deja atrás las rígidas jerarquías medievales, en las que cada criatura ocupa un lugar predeterminado. Su «Oratio de hominis dignitate» concede al hombre la libertad de configurarse a sí mismo. Así lo expresa textualmente:

«Oh Adán, no te he dado ni un lugar determinado, ni un
aspecto propio, ni una prerrogativa peculiar con el fin
de que poseas el lugar, el aspecto y la prerrogativa que
conscientemente elijas y que de acuerdo con tu intención
obtengas y conserves. La naturaleza definida de los otros
seres está constreñida por las precisas leyes por mí
prescritas. Tú, en cambio, no constreñido por estrechez
alguna te la determinarás según el arbitrio a cuyo poder
te he consignado.»

Nuestro pensador no habla de perfeccionar una esencia que nos es dada, dentro de un orden cósmico racional. Lo que propone, como punto de partida, es una indeterminación inicial: en los griegos, el horizonte del ser humano se circunscribe dentro la finalidad que impone el orden de la naturaleza; en Pico della Mirandola, nuestro horizonte está abierto a la libertad, a través de la cual podemos configurar nuestra propia dignidad.

En efecto, podemos cambiar de opinión, de trabajo, de afectos, nos reeducamos, cometemos equivocaciones y corregimos nuestro rumbo. De alguna manera somos plasticidad, cambio, adaptación... Lo que hace Pico della Mirandola es reflexionar, desde la filosofía, sobre esa plasticidad que puede, o bien elevarnos hacia formas de vida más altas —más racionales, más justas, más calmadas—, o bien degradarnos a lo peor de nosotros. En este contexto, la libertad no se define como un mero capricho que se traduce en hacer cada uno lo que quiera o disponer de permiso para cualquier cosa. Es algo muy distinto: es la capacidad real de que disponemos para orientar nuestra vida hacia lo mejor de uno mismo.

Se trata de un trabajo arduo y Pico della Mirandola lo sabe. Por eso, nos habla «de estudio, de disciplina y de virtud», como las herramientas que el pensador humanista, nacido en Mirandola (en la actual región de Emilia-Romaña), considera indispensables para llevar a cabo la tarea de auto-construcción, como seres libres y dignos.

Hablábamos antes de que la indeterminación inicial del Ser Humano, permite varias opciones. Entre ellas, la elevación hacia formas de vida más altas. Ahí reside, precisamente, el tránsito desde la libertad a la dignidad. Es un camino realmente duro. Pico della Mirandola no es un ingenuo y nos lo advierte expresamente cuando habla de vidas que se pueden «animalizar«: «Podrás degenerar en los seres inferiores que son las bestias», escribe en su obra. Pero también es un camino esperanzador porque ofrece la posibilidad de que nadie permanezca preso en sus orígenes. La dignidad es una tarea que no depende de haber recibido dones o dádivas, sino de las decisiones y de los hábitos que se adquieren en nuestra vida.


Traída a nuestro presente, la tesis de Pico della Mirandola tiene un evidente sentido político y educativo.

Nuestra democracia actual está muy tensionada por identidades rígidas y polarizadas: «nosotros vs ellos«.

Ya se ha expuesto en alguna otra entrada de este blog que entre el «nosotros y el ellos» apenas quedan resquicios abiertos, no ya para el diálogo, sino ni tan siquiera para una comunicación respetuosa que vaya algo más allá de la descalificación. El resultado, de sobra conocido, es un proceso de degeneración de nuestro debate democrático: bloqueo de instituciones, empobrecimiento, ciudadanos cansados y una esfera pública que no para de vociferar aprovechando cualquier acontecimiento que proporcione el día a día (incendios, la falsedad en los currículums, los disturbios xexófobos, las corruptelas, etcétera).

En ese contexto, recordar que cada persona es un proyecto de vida y no un votante político, se convierte casi un gesto subversivo que va en contra de las inercias de nuestro tiempo: significa el rechazo a una lógica que nos clasifica al amparo de etiquetas electorales y que limita nuestra participación política al simple acto de depositar una papeleta en la urna cuando llegan las elecciones.

Sin embargo, Pico della Mirandola se refiere a algo distinto: a la apertura de posibilidades para construir nuestra dignidad. Y, desde luego, esa no es una idea cómoda para quienes practican la polarización y hacen de ella su «modus vivendi».

El humanismo de Pico della Mirandola no borra las diferencias. Simplemente, les quita dramatismo. Nos libra del miedo, del prejuicio y de las jerarquías morales preestablecidas. El «otro» no es visto como competidor o enemigo, sino como alguien que recorre su camino hacia su propia dignidad.

Pero no pensemos que Pico es complaciente en extremo. Él no renuncia a nuestro derecho de crítica, si consideramos que el otro elige un camino que se aleja de la virtud o degrada la dignidad humana. Su humanismo es una combinación de respeto y de exigencia: cuando la construcción no se orienta hacia el bien, Pico della Mirandola no se calla: interpela, señala y corrige. De ahí que la crítica no es concebida como un acto de hostilidad, como ocurre actualmente, sino como una invitación a que todos, nosotros y ellos, reflexionemos acerca de nuestra capacidad de mejorar

En el inicio de este bloque, hemos señalado que el humanismo de Pico tiene un sentido político y también un sentido educativo. Vamos a explorar brevemente este segundo aspecto.

El pensamiento humanista de Pico della Mirandola posee, en efecto, un notable potencial educativo, pues sitúa a la persona en el centro del proceso de formación. No olvidemos una de las herramientas que él considera esencial para la auto-construcción de nuestra libertad: el estudio.

El estudio no consiste en acumular datos, sino en cultivar la mente y forjar el carácter. Precisamente porque somos proyectos abiertos, tanto la escuela como la universidad o cualquier espacio de aprendizaje, han de ser lugares donde nuestras posibilidades se amplíen. Pico se escandalizaría ante un sistema educativo que prioriza la rentabilidad económica inmediata. En su reflexión, nos recuerda que su función esencial no es sólo proporcionar medios para la subsistencia material o económica, sino para que cada persona sea libre, consciente y capaz de dar sentido a su vida y a la de los demás.


Merece la pena reconsiderar la propuesta humanista de Pico con los ojos de hoy.

Vivimos rodeados de algoritmos, sometidos a una estadística que, con gran eficacia, pronostica lo que haremos, leeremos o compraremos. Esos algoritmos se alimentan de datos del pasado para ofrecernos un futuro previsible. Sin embargo, la libertad y la dignidad que defiende Pico della Mirandola no se ajustan a esa lógica. Su pensamiento, en cierto modo, actúa como un antídoto contra todo determinismo, ya sea tecnológico, ideológico o cultural. Pico della Mirandola imaginó un espacio político y educativo al servicio de la libertad y la dignidad humanas. Trasladado a nuestro presente, esto exige invertir en educación, cultura y participación ciudadana, no con la consideración de que es un gasto, sino con el convencimiento de que es la base misma de una democracia sana.

Corren tiempos de determinismo – tecnológico, identitario, ideológico – que nos deja unos horizontes cada vez mas estrechos La voz de Pico deber ser recuperada para que la dignidad humana no acabe ahogada por esa estrechez.

La lectura humanista que estamos realizando, guiados por la obra de Pico della Mirandola, dista de ser ingenua. No basta con la mera proclamación de la libertad, como si ese gesto, por sí solo, fuera capaz de obrar el milagro. Pico nos recuerda que la dignidad humana nace de la libertad de forjarnos a nosotros mismos, pero eso no ocurre en el vacío. Sin condiciones mínimas -pan, trabajo, vivienda, cuidados, maestros, bibliotecas- la libertad se convierte en un espejismo, en una promesa casi cruel que termina culpando al individuo por no alcanzar las metas que, en realidad, nunca tuvo oportunidad real de conseguir.

Hoy, honrar a Pico y a su mensaje no consiste en la repetición de frases inspiradoras, pero huecas, como «todo depende de ti» y otras similares. Significa crear el sustrato fértil donde la libertad pueda echar raíces: políticas públicas que reduzcan la desigualdad – aquí el campo de reflexión es infinito- o sistemas educativos que no discriminen.


Para concluir estas reflexiones, tengo que señalar que Pico fue un pensador de profunda hondura filosófica, aunque no elaborara un sistema cerrado, al estilo de otros grandes maestros de la filosofía.

Él nos legó su intuición renacentista, sobre la libertad y de la dignidad. Dos siglos más tarde, Kant recogería este guante y formuló la libertad como autonomía moral del ser humano. En ambos casos, tanto en Pico como en Kant, la dignidad surge desde nuestra fuerza interior. Cambia el marco de pensamiento – de la ontología renacentista a la ética trascendental -, pero el núcleo persiste: la persona es más que naturaleza, más que destino, más que utilidad. Es un proyecto libre cuya dignidad no se hereda ni se concede, sino que se edifica sobre la base de nuestras decisiones libres y conscientes.

En 1486, Pico propuso debatir sobre 900 tesis que abarcaban, prácticamente, todo el saber disponible en la Europa del Renacimiento: platónicos, aristotélicos, pitagóricos, estoicos, cristianismo, judaísmo, islam, cábala, así como los escolásticos y los pensadores árabes. Su intención no era exhibir el poder de su erudición, sino mostrar que el conocimiento – diverso y a veces contradictorio – podía confrontarse en el diálogo. El proyecto no llegó a concretarse porque la Iglesia, con el Papa Inocencio VIII a la cabeza, lo consideró demasiado arriesgado y prohibió el debate ante el riesgo de que salieran a la luz tesis calificadas como heréticas.

Sin embargo, el gesto de Pico della Mirandola, quedó como símbolo manifiesto del humanismo renacentista: apertura intelectual, confianza en la razón y convicción de que el saber crece en el intercambio y no en el aislamiento. No existe un mapa único del saber, sino múltiples itinerarios, todos susceptibles de revisión y debate. Es la concreción de lo que se ha llamado «humanismo práctico», hecho de hábitos tan sencillos como, por ejemplo, leer y conversar con quien piensa distinto, apoyar políticas de igualdad, cultivar el conocimiento más allá de la utilidad inmediata o mantener una actitud de respeto hacia los demás.

Montaigne lo resumirá así: «Nadie se hace a sí mismo sin ensayo». Es decir, la construcción de uno mismo es un proceso experimental, de prueba y error. En sus «Ensayos» exploró su propia vida como si estuviera en un laboratorio: sin pretender verdades cerradas, dispuesto a probar, rectificar y afinar.

El humanismo práctico no es una nostalgia del Renacimento, sino la certeza de que la libertad y la dignidad necesitan de un suelo firme: tiempo, recursos, apertura, voluntad… Sin ello, reducen a un eslogan y de eslóganes ya estamos bastante saturados.

Como todo ideal, el humanismo también está expuesto a sus sombras: convertir la dignidad en una tarea puede acabar en un «perfeccionismo moral» que, en lugar de liberar, oprima. La respuesta no está en vivirla como una obligación permanente, sino en ejercerla con prudencia: reconocer nuestros límites personales y sociales y aceptar que el fracaso también forma parte de nuestro aprendizaje.

Cerramos este recorrido por la libertad y dignidad humanas que, hace quinientos años, nos propuso Pico della Mirandola, con las reflexiones de Hannah Arendt: la dignidad no flota en el aire, se encarna en acciones que sirven de prueba para una vida compartida. La libertad, para Arendt, florece allí donde hay pluralidad y cuidado del mundo. De ahí la urgencia de escucharla cuando nos advierte sobre la mentira pública y la banalidad del mal: atrocidades que pueden ser cometidas por personas corrientes que obedecen órdenes sin reflexionar críticamente.

Si hoy pudiéramos sentar frente a un café a Pico della Mirandola, Kant y Hanna Arendt, probablemente coincidirían en recordarnos que el ciudadano que se hace a sí mismo y construye un mundo común junto a otros, es el mejor antídoto contra el ataque a la libertad y a la dignidad humanas y la mejor defensa contra cualquier intento de sometimiento.


P.D.

Dejo un enlace para todo el que disponga de interés y algo de tiempo -no requiere demasiado- para leer esta maravilla del Discurso sobre la dignidad del hombre…

https://www.arsvitalis.es/wp-content/uploads/2019/12/Discurso-de-la-dignidad.pdf


2 respuestas a «La dignidad humana como tarea: Giovanni Pico della Mirandola y su sentido actual»

  1. Lamentablemente, después de 500 años no hemos mejorado nada, al contrario hemos ido a peor.

    A los políticos actuales (de ningún signo) les interesan ciudadanos libres y conscientes, porque no consumirían sus consignas vacías. De ahí la degeneración de los sistemas educativos y el fomento de las redes sociales que saturan de mensajes imposibles de contrastar y cuya fugacidad impide la reflexión.

    Lástima que los políticos no lean este blog.

    Un abrazo

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    1. Siempre inicio mi respuesta con el agradecimiento. Así debe ser y así seguirá…
      Comparto tu opinión. A mí también me duele comprobar que, tras siglos de historia y de conocimientos acumulados, seguimos tropezando en las mismas piedras.
      Es cierto que un ciudadano libre y consciente no se suele dejar atrapar por las consignas huecas y que eso incomoda a los que prefieren una ciudadanía dócil, antes que crítica. La degradación en la educación y el ruido constante de las redes sociales no es algo accidental, sino el síntoma de un modelo que rehuye el pensamiento y las reflexión compartidas.
      Tal vez sea una lástima que los políticos no lean este blog u otros parecidos. Pero al menos, lo está leyendo gente cercana a la que el blog invita a reflexionar y a dialogar en su respectivo entorno.
      Como siempre, muchas gracias César y un abrazo.

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