Señores del PP: ¿Esto es hacer política?

22 de octubre de 2026

NO. Esto no es hacer política. Es una porquería. Que lo cree y lo difunda un partido con aspiraciones a gobernar España y que con esa basura pretenda perjudicar a su principal adversario no es suficiente para que ese tipo de acciones queden ennoblecidas con la palabra «política». Con ello, el PP demuestra -una vez más- que también se puede actuar políticamente de forma miserable, irresponsable y profundamente degradante.

El Partido Popular ha difundido un vídeo hecho con inteligencia artificial en el que se imitan los rostros y las voces de dirigentes y figuras vinculadas al PSOE —entre ellos Begoña Gómez, José Luis Rodríguez Zapatero, Santos Cerdán y José Luis Ábalos— para poner en su boca frases provocadoras. Una de ellas dice: «Si irse de putas es de zurdos, pues sí, soy zurdo».

Esta auténtica falsedad y bazofia, que trata de responder a la campaña socialista que había reivindicado el «orgullo de ser zurdo» tras los insultos de un mamarracho como Javier Milei, presidente de un gran país como Argentina, que se presenta en España para insultar y polarizar. Vergonzoso, por mucho que otro mamarracho, Isabel Díaz Ayuso, se abrace con él.

Según la información publicada por EL PAÍS, el PP señaló que el vídeo estaba elaborado con inteligencia artificial, aunque eso lo advirtió con un aviso diminuto y poco visible. El periódico cifró en casi dos millones las visualizaciones acumuladas durante las primeras once horas, en varias redes sociales. Sin embargo, esa advertencia, tan formal como disimulada, no elimina el problema: un aviso de esa naturaleza no impide que muchos lectores apenas puedan darse cuenta de que esas personas no pronunciaron las frases que se les atribuyen. Es decir, que estaban contemplando una falsedad.

La política no puede reducirse a cualquier golpe bajo.

La política democrática consiste en discutir cómo organizar la vida común: qué problemas hay, qué soluciones se proponen, qué derechos se protegen y qué responsabilidades se exigen a los que nos gobiernan. En definitiva, la política es gestión de conflictos y la lucha electoral, por supuesto, forma parte de ella. Incluso también es aceptable la crítica dura, la ironía y la sátira.

Pero ninguna de esas cosas hace que automáticamente sea valioso ni digno todo lo que un partido haga para llamar la atención o desacreditar al adversario. Especialmente cuando se trata de una falsedad grosera.

Insisto en que esto es una auténtica porquería. ¿Por qué? Porque aquí no se ofrecen argumentos sobre la vivienda, las pensiones, el empleo, la sanidad, la educación o el futuro del país. Se acude a un recurso fácil: al insulto y a la degradación ignominiosa, fabricando imágenes falsas en las que personas reconocibles social y políticamente parecen decir cosas que nunca dijeron. Se mezclan las alusiones políticas, la vulgaridad o el insulto con el objetivo de provocar, ridiculizar y ganar unos minutos de conversación en las redes. Eso no es un debate: es un golpe de efecto. Y un golpe de efecto no merece ser presentado como una propuesta política. ¿Eso es lo que viene a aportar el PP como el partido que encabece posiblemente el próximo gobierno en nuestro país?

La sátira puede ser mordaz y deformar la realidad; ese es precisamente uno de sus recursos. Pero una caricatura grotesca y bochornosa no es lo mismo que una imitación audiovisual que trata de parecer auténtica, especialmente cuando la explicación sobre su origen en la IA queda relegada a un plano y a una letra casi imperceptibles. La tecnología no se limita aquí a ilustrar una opinión: presta rostros y voces reales a palabras inventadas. La frontera entre la burla y el engaño se vuelve demasiado fácil de cruzar.

No hace falta afirmar que el vídeo sea ilegal para condenar su uso. La discusión jurídica dependerá del contexto y de cómo se interpreten sus contenidos. El artículo de EL PAÍS recoge la opinión de un especialista que distingue entre una sátira y los casos en que es posible atribuir delitos, con posibles consecuencias legales. La prudencia jurídica es siempre necesaria, pero la responsabilidad política y moral se dirime en un plano que no empieza ni termina en los tribunales. Se dirime en el plano ético y cívico. En el mismo plano donde también debe juzgarse la conducta de un partido político: en su respeto a la verdad, a las personas y a la calidad del debate político y democrático. Sin embargo, con acciones como esta el PP parece querer jugar en otros terrenos, llenos de porquería y lodo.

La degradación nos perjudica a todos

Esto tampoco significa que cualquier acción comunicativa del PSOE quede fuera de crítica. Su vídeo y su consigna también buscaban marcar la conversación pública. Pero una campaña ajena con la que no se esté de acuerdo no justifica que se responda con una falsificación audiovisual que afecta a personas concretas e identificables. Que una práctica sea rentable en las redes o que el adversario haya iniciado una disputa no la convierte en aceptable.

Los partidos tienen derecho a competir con dureza. Sin embargo, también tienen la obligación de no rebajar la vida pública, hasta convertirla en una sucesión de insultos, frases y escenas prefabricadas. Cuando un partido que aspira a gobernar trata la identidad y la voz de sus adversarios de manera irrespetuosa y falsa, y convierte todo eso en un material de declaraciones inventadas, tal vez no merezca ya la pena ni como organización política ni como el interlocutor adecuado para un debate público. Y, mientras todos miramos esta porquería de vídeo, la intención es que queden fuera de foco aquellas preguntas que sí son las que deberían ocupar el protagonismo en una campaña: qué país quiere construir cada partido y cómo piensa hacerlo.

Por eso mi respuesta es tajante: NO, esto no es hacer política en el sentido digno de la palabra. Es una porquería de propaganda; una manera de envilecer la conversación pública y de tratar a los ciudadanos como espectadores a los que es necesario alimentar de basura y provocación. Un partido como el PP no demuestra tener razón porque un vídeo lleno de falsedades se vuelva viral y tenga millones de visualizaciones. Lo que demuestra es la indigna calidad de su política, tanto por las ideas que defiende, como por la falta de honestidad con que las comunica y por el nulo respeto que muestra, incluso cuando combate a sus adversarios.

Mariano Gómez

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